Exámenes Inclusivos

Ago 26, 2025 | SUGERENCIAS AULA, Sugerencias DUA | 0 Comentarios

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Escalón: DUA

¿Por qué?

En la mayoría de aulas, las pruebas escritas son la principal fuente de evaluación del aprendizaje. Revisa que tus preguntas, enunciados y enfoque de la prueba realmente se orienta hacia la evaluación del aprendizaje, es decir, valoran en qué medida los estudiantes han comprendido y manejan los criterios de evaluación clave de tu asignatura y curso, tal y como se describen en tu normativa. No los conviertas en pruebas de adivinación, memorización, o una cuestión de suerte.

¿Cómo?

¿QUÉ ES UN EXÁMEN?


A pesar de que nuestro sistema educativo está basado en la evaluación continua, es decir, en una evaluación multicriterial que tiene en cuenta todo el trabajo y participación del estudiante durante todo el curso, a través de distintos tipos de pruebas, trabajos y actividades, el examen o prueba escrita sigue siendo el medio más frecuente y casi único por el que los distintos estudiantes obtienen sus calificaciones. Es pues, importante, que éstos se diseñen de acuerdo a premisas DUA, respondiendo a un contexto inclusivo, es decir, que eliminan las barreras de acceso, participación y expresión para cualquier estudiante.

El primer paso es reflexionar sobre el enfoque de nuestros exámenes. Un examen es una herramienta para evaluar el grado de adquisición de los criterios de evaluación de una determinada etapa, según se definen en la normativa de cada comunidad. Por tanto, debemos asegurarnos que las distintas preguntas realmente se orientan a evaluar ese nivel de adquisición y que no son preguntas elegidas al azar que en muchos casos se orientan a evaluar el grado de memorización de los textos y datos -incluso los más recónditos e insignificantes- del libro de texto.

Por ejemplo, si estamos estudiando el Siglo de Oro y el criterio de evaluación se define como «el alumnado relaciona el contexto histórico-cultural (Renacimiento y Barroco) con las obras literarias, analiza la evolución de los géneros (poesía, teatro, novela) y la aplica los recursos estilísticos y comprende los temas universales y específicos de la época», y la correcta expresión oral y escrita sobre el periodo», no tendría sentido que el examen incluya preguntas que pida a los estudiantes relacionar cada autor con su fecha de nacimiento, recitar los datos biográficos de Lope de Vega o responder sobre el nombre de los principales personajes de «La Vida es Sueño».

Las preguntas que evalúan la capacidad para memorizar datos (fechas, nombres o definiciones formales) suponen una barrera para que aquellos estudiantes con dificultades de aprendizaje muestren un buen rendimiento, de forma que pueden haber alcanzado el criterio de evaluación de la etapa (tal como se define en la normativa), pero obtener una mala puntuación en el examen debido al enfoque memorístico de las preguntas.

REVISA LOS ENUNCIADOS


La forma en que expresamos los enunciados son, en muchas ocasiones, una barrera para el rendimiento.

  1. Deben expresarse con frases cortas y directas, sin circunloquios, adornos ni ambigüedades. Haz preguntas directas que sean claras, accesibles y entendibles para todo el alumnado.
  2. Usa vocabulario y nomenclatura habitual y adecuada a la edad de los estudiantes. No es momento para introducir nombres originales o vocabulario sofisticado. Si utilizas ejemplos de personajes, animales, plantas, ciudades, asegúrate que con conocidas y habituales para todo el alumnado y que, por tanto, no genera extrañeza o confusión. Ten en cuenta estudiantes de habla extranjera o estudiantes con vocabulario limitado.
  3. Deben estar bien estructuradas y visualmente ordenadas. Usa fuentes sin adornos, letra oscura sobre fondos blancos y de un tamaño suficiente para que leerla no suponga un esfuerzo adicional y puedan concentrar su energía en responder.
Ejemplo enunciado matemáticas
Exponer las cifras de un modo inusual, sin puntos y con un espacio adicional, genera extrañeza que puede bloquear la capacidad del estudiante para entender qué tiene que hacer. Además, la mitad del ejercicio presenta las centenas y millares con cifras y letras. En este caso, separar los dos tipos de ejercicios en dos preguntas separadas favorece la comprensión, puesto que tendemos a agrupar como igual, aquello que se nos presenta junto.

MUESTRA SENTIDO Y COHERENCIA


Los libros de texto o el propio profesorado, con frecuencia inventa situaciones para practicar algún ejercicio matemático o lingüístico. Ponemos el foco en la operación que genera y no tanto en si el enunciado responde a una situación real. La falta de sentido puede generar bloqueo en algunos estudiantes, especialmente aquellos más dispuestos a cuestionar y analizar los datos.

Hemos visto libros de lectura que enseñan a temer los ataques de las hienas, mientras que en ciencias las clasifican como animales carroñeros (y en realidad son tanto cazadores como carroñeros), ejercicios de matemáticas que relatan que una granjera recogía el trigo de sus campos, mientras en lengua tienen que resolver un ejercicio que relaciona cada profesión con su nombre y le pondrían un 0 si dijera que la granjera hace el trabajo del agricultor, en lugar de cuidar de sus animales. O que una madre compra 1.000 kgs de harina para hacer un pastel y con la harina que le sobra hace magdalenas, y tenemos que averiguar cuántas magdalenas nos podremos comer cada uno de los invitados.. cuando esa cantidad depende de la capacidad de cada uno, pero en ningún caso será posible comerse tantas magdalenas como esta mujer es capaz de hacer con los casi 1.000 kgs de harina que ha comprado.

Los enunciados tienen que tener sentido, responder a situaciones reales, ser correctos y preguntar aquello que queremos que nos respondan. Si quieres que haga una división entre kgs de harina y magdalenas, pregunta cuántas magdalenas podemos cocinar con 1.000 kgs de harina, pero no cuántas nos podemos comer, porque nadie puede responderte a eso.

EVALÚA CON COHERENCIA


Finalmente la puntuación que damos a las respuestas de nuestro alumnado tiene, de nuevo, que estar alineado con los objetivos de aprendizaje, y no con la exactitud con la que replica las palabras de un texto o con la capacidad del estudiante de adivinar qué esperabas.

En este ejemplo la profesora negativiza una respuesta que es correcta y responde al enunciado, simplemente porque no es la que expone el libro de texto. 1) El enunciado pide 2 ejemplos, pero no especifica que deban ser los mismos ejemplos que están descritos en el libro de texto. El estudiante no puede saber que se piden explícitamente esos dos ejemplos. 2) El criterio de evaluación indica que el estudiante comprende la necesidad de establecer normas para preservar la libertad, y la respuesta del estudiante nos permite verificar que ha comprendido esta idea, por tanto, debería haberse evaluado positivamente. 3) El criterio de evaluación no establece que el estudiante debe conocer los casos de las termitas soldados o los soldados espartanos, éstos tan solo son ejemplos que el libro de texto ha expuesto.

CONCLUSIÓN


Se trata de comprender que el rendimiento de nuestros estudiantes no depende únicamente de sus condiciones genéticas, socio-culturales o capacidad para comprender los contenidos académicos, sino, en gran medida de cómo evaluamos su aprendizaje. Qué tipo de preguntas planteamos, cómo las presentamos y cómo valoramos las respuestas. Eliminar barreras que pueden deprimir o bloquear la capacidad de los estudiantes para expresar qué han aprendido, es un eje principal de las medidas DUA que garantizan una escuela inclusiva.

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© Paulina Bánfalvi @aacclarebelión. Consulta cómo citar este contenido