Paula es docente de Secundaria. Enseña Física en un centro preferente para estudiantes con necesidades motoras. Algunos de sus estudiantes no tienen el 100% de movilidad en sus manos, por lo que requieren de un tiempo adicional para los exámenes. Esto generaba que el profesorado simplemente se los llevara de aula en aula, sentándolos en un rincón de la clase, para darles ese tiempo extra.
Para estos estudiantes, supone romper su concentración al tener que parar para trasladarse de aula y además exponerse a una situación vergonzante -están en edad adolescente, una etapa en la que la necesidad de pertenecer al tiempo que construir una identidad propia, se hace más intensa- que afectaba a su rendimiento, incluso podía llegar a bloquearlo. Observaba que el nivel de respuestas ofrecidas durante este tiempo adicional era más reducido.
Paula decidió eliminar esta barrera y plantear exámenes que todo su alumnado pudiera responder en el tiempo que dura su sesión. Se centró en los criterios de evaluación y pasó a evaluarlos con preguntas de respuesta corta, preguntas de selección de respuesta y preguntas de validación si/no. Esto supone para Paula una mayor reflexión sobre los enunciados para que las respuestas no fueran obvias y supongan un esfuerzo de pensamiento y análisis por parte de sus estudiantes, de forma que la prueba realmente refleje el conocimiento adquirido, pero para todos sus estudiantes, y especialmente para aquellos con necesidades motoras, ha supuesto un balón de oxígeno. Más esfuerzo de pensamiento y menos esfuerzo de redacción, una prueba más orientada a testar el aprendizaje de los conceptos esenciales de su asignatura y menos a comprobar cuánto ha memorizado el estudiante.
Nota: Experiencia real llevadas a cabo en el aula. Los comentarios y análisis aportados están protegidos por derecho de autor.









